Una configuración headless consiste en preparar una Raspberry Pi sin conectarle monitor, teclado ni ratón.
Es muy útil cuando queremos dedicar el dispositivo a tareas como servidor web, domótica, robótica o cualquier montaje en el que la Raspberry Pi va a quedar escondida en una caja, un armario o detrás de una pantalla.
La solución más cómoda hoy es preparar red, usuario y SSH desde Raspberry Pi Imager. Así podemos realizar una configuración totalmente headless desde el primer arranque, sin enchufar periféricos ni hacer el ritual de buscar un teclado libre por casa.
En general, en una configuración headless buscamos crear el usuario, habilitar SSH y configurar la conectividad. Con esto podremos acceder a la Raspberry Pi por SSH y realizar el resto de ajustes.
El método recomendado actualmente es usar las opciones de personalización de Raspberry Pi Imager. Los ficheros ssh y wpa_supplicant.conf fueron el método clásico durante años y siguen apareciendo en muchos tutoriales, pero en versiones modernas hay que tener en cuenta los cambios de Raspberry Pi OS y NetworkManager.
Instalar Raspberry Pi OS
El proceso de instalación es el habitual. Preparamos la tarjeta con Raspberry Pi Imager y, antes de escribir la imagen, abrimos las opciones de personalización para configurar usuario, contraseña, hostname, WiFi y SSH.
Habilitar SSH
Como medida de seguridad, SSH viene desactivado por defecto si no lo hemos habilitado durante la instalación. En Raspberry Pi Imager podemos activarlo directamente, eligiendo si queremos autenticación por contraseña o por clave pública.
En instalaciones antiguas también se podía habilitar simplemente creando un fichero llamado ssh, sin extensión, dentro de la partición de arranque de la tarjeta SD.

Configurar WiFi
Si vamos a conectar la Raspberry Pi por WiFi, lo más cómodo es configurarlo desde Raspberry Pi Imager. Indicamos el SSID, la contraseña y el país de la WiFi, y el sistema lo aplicará en el primer arranque.
En instalaciones antiguas, de forma similar al SSH, podíamos añadir la configuración WiFi creando el fichero wpa_supplicant.conf en la tarjeta SD. Al arrancar, Raspbian tomaba el fichero de configuración del WiFi de la tarjeta.
Recordamos que el formato de ‘wpa_supplicant.conf’ tiene la siguiente forma:
ctrl_interface=DIR=/var/run/wpa_supplicant GROUP=netdev update_config=1 country=ES
network={ ssid=“nombre-de-tu-wifi” psk=“password-de-tu-wifi” key_mgmt=WPA-PSK }
Encontrar la dirección Raspberry Pi
Llegamos a la parte que podría darnos algún problema. En este punto al encender la Raspberry Pi la tendremos conectada a la red local, y el SSH habilitado. Pero para conectarnos necesitamos saber la dirección de Raspberry Pi en nuestra red.
Si no hemos configurado una IP fija o un hostname cómodo, tendremos que encontrar la IP dinámica que se le haya asignado a la Raspberry Pi en nuestra red.
Para eso tenemos distintas opciones:
- Intentar conectar usando ‘raspberrypi.local’ como dirección.
- Usar un programa de escáner de IPs en la red como, por ejemplo, Nirsoft Wireless Network Watcher (Windows) o Fing (Android).
- Buscar la IP del dispositivo accediendo a la configuración del Router.
En la mayoría de ocasiones cualquiera de estas opciones nos va a funcionar. Pero dependiendo de cómo sea la red (tamaño, seguridad, etc) algunas (o todas) es posible que no podamos emplearlos.
Si tenemos acceso a un ordenador con Linux o Mac, otra opción es montar la tarjeta SD y configurar directamente una IP estática como vimos en esta entrada.
Si nada de lo anterior funciona, podéis intentar poner vuestro dispositivo en modo ‘Compartir Wifi’ y conectar la Raspberry Pi a él. Configuráis una IP estática y finalmente lo conectáis a la red definitiva.
Configurar el resto de opciones
Una vez que tenemos acceso SSH a Raspberry Pi ya podemos configurar el resto de opciones de forma habitual usando raspi-config o las herramientas de Raspberry Pi OS. Por ejemplo, podéis activar VNC, Raspberry Pi Connect o cualquier servicio que necesitéis.
Como veis, la configuración headless es un proceso sencillo que apenas cuesta unos minutos, y nos evita el quebradero de cabeza de conectar monitor y teclado únicamente para un primer arranque.

