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Estabilidad, polos y ceros en el plano complejo

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La estabilidad de un sistema dinámico describe si su respuesta permanece acotada o regresa al equilibrio después de una entrada o una perturbación, según el criterio de estabilidad que estemos usando.

Si recuerdas los artículos anteriores, hemos modelado nuestra planta física con una Función de Transferencia y hemos visto cómo los sistemas de segundo orden son capaces de rebotar. Pero hoy vamos a tocar el concepto más crítico de toda la ingeniería de control.

Un sistema inestable es un sistema inútil y peligroso. Da igual lo bonito que sea tu código en C++ o lo caro que sea tu microcontrolador; si tu algoritmo convierte el sistema físico en inestable, los motores se quemarán, los drones caerán del cielo y las piezas mecánicas saldrán volando. Y todo esto se puede predecir simplemente mirando dos cosas: los Polos y los Ceros.

Anatomía de la función de transferencia

Habíamos dicho que la Función de Transferencia G(s) en el dominio de Laplace es una fracción de polinomios. Tiene un numerador y un denominador.

Si factorizamos esos polinomios (es decir, encontramos sus raíces o valores de s que hacen que valgan cero), obtenemos la siguiente forma, que es la que a nosotros nos interesa de verdad:

Aquí es donde nacen nuestros dos protagonistas:

Los ceros (z)

Los Ceros son las raíces del numerador. Son los valores de s que hacen que la función de transferencia valga cero, es decir, G(s) = 0.

Los Ceros son las raíces del numerador. Son los valores de s que hacen que la función de transferencia valga cero (G(s)=0). Físicamente, los ceros actúan como “agujeros negros” para ciertas frecuencias. Un cero significa que el sistema bloquea una señal concreta. Afectan a la forma de la respuesta (pueden aumentar el overshoot), pero no deciden si el sistema vive o muere.

Los polos (p)

Los Polos son las raíces del denominador. Son los valores de s que hacen que el denominador valga cero y, por tanto, que la función de transferencia se vaya al infinito (G(s)=∞). Físicamente, los polos representan las “resonancias” naturales o los modos de comportamiento del sistema. Los polos son los dueños absolutos de la estabilidad.

Si quieres saber si tu robot va a funcionar o va a salir ardiendo, olvídate de los ceros. Solo tienes que mirar dónde están los polos.

El plano complejo (plano s)

La variable s de Laplace es un número complejo. Eso significa que tiene una parte real (σ) y una parte imaginaria (jω).

Como tiene dos dimensiones, no podemos dibujarlo en una simple línea recta. Necesitamos un mapa 2D, que llamamos el Plano Complejo o Plano S:

  • El eje horizontal (Eje Real, σ): Representa el crecimiento o decaimiento exponencial puro.
  • El eje vertical (Eje Imaginario, jω): Representa la oscilación pura.

Nosotros representamos los polos con cruces (X) y los ceros con círculos (O) en este mapa.

La regla práctica de la estabilidad

Para entender por qué los polos dictan el destino de tu hardware, tenemos que recordar que, al deshacer la transformada de Laplace para volver al mundo real del tiempo, un polo en la posición s=σ+jω se convierte en una función matemática exponencial:

Fíjate bien en el término e^{σt}. Esa es la clave de todo el universo de control:

  1. Si σ es NEGATIVO (Semiplano Izquierdo): El término exponencial se va haciendo cada vez más pequeño a medida que pasa el tiempo. La oscilación se frena. El sistema se estabiliza. ¡Estamos a salvo!
  2. Si σ es POSITIVO (Semiplano Derecho): El término exponencial crece sin límite hacia el infinito. La oscilación (o el movimiento) se hace cada vez más violenta hasta que algo se rompe. ¡Fuego, destrucción y lágrimas!
  3. Si σ es CERO (Eje Imaginario): El término exponencial vale 1. El sistema no crece ni decrece. Se queda oscilando eternamente como un péndulo sin fricción (marginalmente estable).

Para un sistema LTI continuo, la regla práctica es clara: para que sea asintóticamente estable, todos sus polos deben estar en el semiplano izquierdo (tener parte real negativa).

Con un solo polo que se cruce al lado derecho, la planta entera colapsa.

¿Por qué las cosas se vuelven inestables?

Te estarás preguntando: “Luis, si la inestabilidad es tan destructiva, ¿por qué los ingenieros construyen sistemas inestables?”

La respuesta corta es que no suelen hacerlo a propósito (salvo en diseños que aceptan una planta inestable para ganar prestaciones y dependen del control para estabilizarla). Muchas plantas pasivas son estables, pero un péndulo invertido, ciertos procesos con realimentación interna o un sistema con integradores pueden ser inestables o no regresar por sí mismos a un punto de equilibrio.

La inestabilidad la provocamos nosotros cuando cerramos el lazo de control.

Si nuestro controlador reacciona demasiado tarde (por culpa de los retardos) o con demasiada fuerza (ganancia excesivamente alta), el controlador empuja al sistema cuando ya está volviendo, amplificando el error en lugar de corregirlo. En el dominio de Laplace, matemáticamente, lo que hemos hecho ha sido “empujar” los polos desde el lado izquierdo hacia el lado derecho del plano complejo.